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Andrew Arato y Enrique Krauze: dos aproximaciones al populismo (primera parte)

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En su pasada visita a la Universidad de Guadalajara, el profesor húngaro-americano Andrew Arato describió, siguiendo a Ernesto Laclau, los principales rasgos que definen a un gobierno o fuerza política populista:

 

1) Apela al “pueblo” y a la “soberanía popular” como nociones que unifican demandas y agravios heterogéneos porque tienen un significado vacío; es decir, son ideas míticas, ficciones, con los que mucha gente se puede identificar. 2) Postula que una parte de la sociedad pasa por el todo de aquella y la representar. 3) Construye un frente antagónico, es decir, una línea que distingue de manera tajante amigos y enemigos. 4) Unifica a sus bases a través de una identificación fuerte con un líder o, de manera menos común, con un liderazgo grupal. 5) Utiliza una forma retórica de argumentación y justificación de sus posicionamientos; por consiguiente desprecia los argumentos racionales y complejos. 6) Insiste en una noción fuerte de política o de “lo político” y no se interesa en la política “ordinaria” o en las políticas de aplicación cotidiana. significado eszgoa Ernesto Laclera radical entre los amigos y los enemigos.York, Andrew Arato, expuso, siguiendo a Ernesto Lacl

 

Consideremos un artículo de Enrique Krauze titulado La palabra populismo. Afirma:

 

El populismo “es una forma de poder, no una ideología”; es “el uso demagógico que un líder carismático hace para prometer la vuelta de un orden tradicional o el acceso a una utopía posible y, logrado el triunfo, consolidar un poder personal al margen de las leyes, las instituciones y las libertades”. Añade: “Todo populismo postula una división entre ‘los buenos’ y ‘los malos’ ”. De allí que se caracterice, siempre, por poseer una “visión dicotómica de la sociedad y la política”.

 

De otro de sus textos, llamado Decálogo del populismo, podemos extraer los siguientes componentes: 1) El populista se apodera de la palabra para abusar de ella porque es el vehículo de su carisma. 2) El populista fabrica la verdad, que deriva de sí mismo y su privilegiada capacidad para interpretar la voluntad popular; por lo tanto, limita la libertad de expresión, pues “confunde la crítica con la enemistad militante”. 3) “El populista, en su variante latinoamericana, utiliza de modo discrecional los fondos públicos” y “reparte directamente la riqueza”. Esta entrega será cobrada en forma de obediencia y provocará, a su tiempo, un daño financiero al Estado. 4) “El populista alienta el odio de clases” y “moviliza permanentemente a los grupos sociales”: enardece a las masas y procura que vociferen porque ello le da ventajas. 5) “El populismo fustiga por sistema al enemigo exterior” porque necesita chivos expiatorios. 6) “El populismo desprecia el orden legal” y “mina, domina, y, en último término, domestica o cancela las instituciones y libertades de la democracia”. Esto es así porque “el populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a ‘la voluntad popular’ ”.

 

En muchas partes del mundo el populismo es lo de hoy, ya sea como gobiernos establecidos o como partidos, movimientos y líderes que logran un creciente respaldo ciudadano. Así como en los años setenta del siglo pasado se inició un ciclo expansivo de la democracia liberal (representativa y de partidos), de unos años para acá se instaló el ciclo populista que amenaza con destruir aquella. El populismo no respeta geografías, ideologías o niveles de desarrollo material de los países. Puede ser de derecha o de izquierda, neoliberal o socialdemócrata, religioso o jacobino... En Trump y en Erdogan, en Chávez y en Orbán, en Podemos de España y en Alternativa de Alemania, encontramos, en distinta medida, los componentes mencionados.

 

Entre el populismo y la democracia liberal hay relaciones intrincadas. A pesar de sus aspectos irracionales, dice Arato, el populismo es una respuesta a dos déficits de la democracia liberal: 1) Su falta de democracia y el infranqueable abismo que separa a los representantes de los representados. 2) Su incapacidad para garantizar niveles mínimos de bienestar, estatus y certidumbre material a los ciudadanos.

 

De aquí se derivan los temas de la narrativa de ataque utilizada por los líderes con rasgos populistas. Partidos antidemocráticos, políticos corruptos e insensibles, poderes públicos sometidos al dinero, políticas ineficaces, supremas cortes o tribunales débiles... en fin, la sujeción de instituciones, reglas y decisiones a los dictados de una casta privilegiada concentradora del poder de facto y el dinero.  

 

¿Es el populismo —de López Obrador— la principal amenaza para la democracia mexicana, como sugiere Krauze en un artículo publicado en el New York Times el 7 de marzo pasado? ¿Es posible reconducir la energía movilizadora de Morena hacia un fortalecimiento de la democracia? En su conferencia de Guadalajara, en el Paraninfo Enrique Díaz de León, Arato se refirió al planteamiento de Krauze y estableció un diálogo a distancia con él.

 

Escrito por: 
Héctor Raúl Solís Gadea
Fotografía: 
Humberto Muñiz
Fuente: 
Milenio