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Complicada relación

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Tapatíos viven amor-odio con monumentos. El arte público en Guadalajara no siempre ha sido bien recibido

 

La relación de los tapatíos con sus esculturas y monumentos públicos no ha sido siempre tersa.

 

Algunos sectores han alzado la voz para resaltar sus defectos, hacer definiciones a partir de connotaciones negativas y adjetivos poco favorecedores, pero a la distancia algunas piezas han logrado convertirse en un punto de referencia.

 

Un ejemplo es La Minerva. Los titulares que aparecieron en la prensa de la época, el 16 de septiembre de 1957, así lo indican.

 

"Lo único feo es La Minerva", se lee en una nota de periódico publicada el 16 de septiembre de 1957, tras la inauguración del monumento dedicado a la diosa romana de la guerra. La glorieta fue elogiada por su distribución, por la calidad de la fuente y su diseño a cargo del arquitecto Julio de la Peña, pero la escultura proyectada por el escultor Joaquín Arias no fue muy bien recibida entonces.

 

Algunos de los calificativos que se usaron hace 60 años para definir a la efigie iban desde adefesio, fea, robusta o poco proporcionada, recuerda el doctor en antropología de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Bogar Armando Escobar.

 

La Minerva tuvo un inicio complicado pero a fuerza de costumbre, de su ubicación privilegiada y de los valores que promulga como justicia, sabiduría y fortaleza, se convirtió en un referente y ahora es favorita de los tapatíos para celebrar las victorias futboleras, manifestarse en contra o a favor de diversas causas y ser telón de fondo de conciertos masivos y eventos culturales.

 

Algunos casos similares son Los Cubos y La Hermana Agua, de Fernando González Gortázar. Ésta última fue reemplazo de la fuente original que se construyó en la décad de los 40 con el nacimiento de Chapalita.

 

"Con La Hermana Agua se desató una de tantas campañas de linchamiento que tanto gustan en Guadalajara, la cantidad de textos de descalificación que aparecieron en la prensa fue enorme, en ocasiones eran abiertos insultos y de repente se colaban algunos piropos involuntarios, como cuando alguien afirmó que la fuente era pornográfica, lo cual me parece un gran elogio.

 

"Pocos años después, cuando se instaló La Torre de los Cubos, también hubo intentos de crear escándalo, pero muy breves y no tuvieron éxito", recuerda el autor.

 

Para el arquitecto y escultor, la reacción negativa a esculturas públicas tiene una explicación: a muchos les cuesta asumir el cambio y protestan porque se altera la imagen de su paisaje.

 

"Curiosamente siempre echan mano de los mismos argumentos, que con el dinero que se gastó pudieron haberse tapado tantos baches, o construido tantas aulas, es una visión mutilada de la Ciudad y de las necesidades de los seres humanos, pero parece ser el cuento de nunca acabar.

 

"Uno sabe que cuando va a emprender una obra de ese tipo se va a encontrar con protestas, pero también que, poco a poco, si la obra tiene calidad la gente va a ir haciéndola suya hasta que se convierta en obra anónima, que es el mayor galardón que puede recibir una pieza de arte, que esté ahí como propiedad de todos, con la misma naturalidad de las nubes", expresa González Gortázar.

Escrito por: 
Rebeca Pérez Vega
Fotografía: 
Archivo
Fuente: 
Mural