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En la familia se “naturaliza” la violencia de género

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La violencia que viven las mujeres en el entorno social y político, tiene su origen en el modelo familiar que asume la violencia y la desigualdad en contra de ellas, “como algo natural, como algo normal”.

 

Así lo declaró la doctora Candelaria Ochoa Ávalos, profesora investigadora del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), quien es especialista en temas de género y tiene una larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos y en particular los de las mujeres en México.

 

“Creo que en las familias no se nos enseña a parar la violencia, sino que más bien la naturalizan. Y eso ocurre desde la aceptación que en ella se hace, al asumir que ‘bueno pues eso es normal’ y por supuesto que no lo es”.

 

Más aún, estableció la académica, “lo que nos deben enseñar en las familias desde chiquitas, es a decir no: esto no, esto yo no lo aguanto, o no me hagas esto. Es decir, deberían enseñarnos a aprender a parar la violencia”.

 

Es así como de la casa, la violencia se traslada a la calle y a los otros espacios en donde las mujeres se desenvuelven: “y desafortunadamente, después las mujeres somos víctimas de no saber enfrentar y confrontar cuando nos están violentando”.

 

“Entonces, muchas de nosotras hemos vivido la violencia al interior de nuestras familias. Dice el Inegi (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática), que siete de cada diez mujeres en México viven violencia en la familia o en el ámbito doméstico”, destacó.

 

El tema, en su opinión, es muy grave no únicamente por la proporción alcanzada, sino porque además, el hogar debería representar el espacio seguro por antonomasia: “lo que hace que sea un tema muy grave, es que hablamos de que dos terceras partes de las mujeres mexicanas están viviendo violencia, en donde supuestamente sería el espacio del esparcimiento, del respeto”.

 

Candelaria Ochoa es tajante al señalar: “la familia tiene que cambiar, modificarse y convertirse en el lugar en donde las mujeres y los hombres aprendamos que la violencia no es normal, que no es correcta. Porque eso posteriormente da lugar a que seamos víctimas en el espacio social, en el espacio público, trayendo blusa escotada o no, falda corta o larga; o sea, por el hecho de ser mujer, sólo por ser mujer, es que somos violentadas en el espacio público”.

 

Reiteró que “me preocupa mucho, porque finalmente las mujeres no sabemos poner alto y reclamar ante agresiones verbales o de otro tipo y porque además a los hombres les parece normal abusar y acosar en la calle. Entonces, creo que tiene efectos muy negativos la educación que nos han inculcado en la familia, de sumisión y de obediencia y de que incluso cuando somos violentadas nos dé vergüenza decirlo”.

 

Del otro lado también, “en la familia los hombres aprenden a ser agresivos, a imponer porque sí su voluntad y aprenden además a invisibilizar el que esa acción es violenta”.

 

Agregó luego que durante la presentación de “un libro sobre un estudios en cinco colonias de León Guanajuato, dije que se nos pide ser esquizofrénicas, porque se nos pide que amemos y tengamos hijos con hombres que desde pequeños abusaron de mujeres de otras familias. Eso es como vivir en la esquizofrenia, porque cómo puedes amar a hombres que violentan y han violentado a otras mujeres”.

 

Por todas esas razones, la investigadora nacional Nivel I enfatizó que “creo que los tres órdenes de gobierno: municipal, estatal y federal, deben emprender acciones mucho más contundentes para que las familias se democraticen y para que los hombres reconozcan que la forma en como nos tratan es violenta”.

Escrito por: 
Gabriela Díaz García
Fotografía: 
Archivo
Fuente: 
Difunde CUCSH