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Entre los jóvenes, también: “hay unos más iguales que otros”

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Reunidos en el Congreso Internacional “Perspectivas de los jóvenes frente a la crisis. Identidad, violencia, desigualdad social y medio ambiente”, bajo el denominador común de ser jóvenes y estudiantes, provenientes de diversos estados de México y de otros países de América Latina, los participantes, compartieron los problemas y retos a que los enfrenta el mundo de hoy.

 

La desigualdad laboral y social” fue el tema de la mesa 7, en la que participaron Benjamín Pérez Díaz y Gerda Úrsula Seidl, de la UAM-Xochimilco, México, con la ponencia “Ser joven en ejidos y comunidades rurales – una situación de desventajas y desigualdades”.

 

 Estuvieron también, Tomás Nougués, de la Universidad de San Martín, Argentina, quien desarrolló el tema “Emprender en la informalidad. Desafíos de la inclusión socio-laboral de los jóvenes de sectores populares en la Argentina contemporánea” y de Claudia Guadalupe de la Fuente Morales, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, con el tema “La imposición de modelos de precarización laboral en instituciones paraestatales de América Latina: el caso del Instituto Mexicano del Seguro Social”.

 

Benjamín Pérez Díaz y Gerda Úrsula Seidl, empezaron por señalar que: “La situación de los jóvenes rurales es poco discutida y visibilizada” y  en abono a su dicho, establecieron que fue hasta 1990 que en América Latina empiezan a aparecer datos y literatura de la temática.

 

Destacaron luego que: “La mayoría de los ‘juvenólogos’ se ocupan más bien de jóvenes urbanos, mientras que la mayoría de los ‘rurólogos’ investigan acerca de asuntos relacionados con la producción y comercialización o de la tenencia de la tierra, enfocando así a los agricultores hombres y, en mucha menor medida, a las mujeres rurales, pero aún menos en la juventud del campo”.

 

El estudio de caso es el del Ejido Emiliano Zapata, definido como “una colonia pequeña, actualmente de 180 habitantes, fundada a finales de los años de 1980, en un lucha tardía por la tierra, por migrantes tsotsiles (una lengua maya) proveniente de los Altos de Chiapas que llegaron a la Selva El Ocote (actualmente Reserva Natural Protegida)”.

 

En el tema de la educación, los jóvenes expusieron que como ocurre en muchas comunidades rurales, “el acceso a la educación formal es muy difícil, ya que solo hay preescolar y primaria en la comunidad, y para estudiar secundaria hay que irse a vivir en otro pueblo, o gastar mucho en pasaje cada día”.

 

La educación considerada por los adultos de su comunidad como “una herramienta de movilidad social”, en el ámbito rural se vuelve una paradoja, porque en tanto se sostiene que para “poder aspirar a una vida mejor, es necesario estudiar”, también resulta que “ello es incompatible con la vida rural, ya que se está alejando a los y las jóvenes de los trabajos del campo y de los saberes de sus antepasados. Lo que se aprende en la escuela del modelo hegemónico, homogeneizador, muy pocas veces sirve para la vida, y menos aún para la vida en el campo”.

 

“Los pocos jóvenes de la comunidad que pudieron estudiar hasta la prepa o la universidad, se encuentran en una situación ambigua. A un lado tienen la posibilidad de salir y buscar otro trabajo afuera o de alternar entre seguir en la comunidad y migrar temporalmente. Se espera de ellos un futuro como profesionistas fuera de la comunidad, y se espera que encuentren trabajos bien pagados, pero en el imaginario de los adultos eso es más fácil que en la realidad que viven los chicos y chicas ‘estudiadas’”.

 

Además del educativo, los jóvenes rurales enfrentan problemas de discriminación en la toma de decisiones, lo que se agudiza en el caso de las mujeres por la persistencia de la cultura patriarcal;  las dificultades para acceder a la posesión de tierra, que en el caso estudiado, se profundizan por la condición de área protegida del asentamiento.

 

Finalmente, señalaron también que: “Los jóvenes en las comunidades rurales son actores sociales potencialmente importantes, pero en la realidad carecen de espacios propiamente juveniles, no tienen mucho poder de acción y además accionan de manera aislada, no de manera organizada o colectiva”.

 

Los trabajos fueron moderados por Hans-Jürgen Burchardt, economista y científico social, quien desde 2005 es profesor de relaciones internacionales e intersociales en la Universidad de Kassel  y como comentarista de la misma, participó Klaus Meschkat, sociólogo alemán y profesor emérito de la Universidad de Hannover.

 

El congreso se realizó del 11 al 13 de abril en la sede Belenes del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), y fue patrocinado por el Centro de Estudios Latinoamericanos Avanzados, Maria Sybilla Merian (CALAS), la Universidad de Guadalajara (UdeG), el CUCSH y el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania.

Escrito por: 
Gabriela Díaz García
Fotografía: 
Archivo
Fuente: 
Difunde CUCSH