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Identidad nacional: la historia

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“No se ha encontrado hasta ahorita, nada que sustituya las anteriores formas identitarias, de manera tal que la población está buscando nuevos referentes, está tratando de ver de dónde se puede asir, para de alguna manera constituir ese sentido de pertenencia, de valoración que le pueda representar cierto confort o cierto bienestar”.

 

Así describió el maestro Horacio Hernández Casillas, coordinador de la carrera de Antropología del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), la crisis de identidad que a su parecer se vive en México.

 

El maestro en Desarrollo Social, explicó que la identidad nacional tiene que ver con “la manera en que se ha compartido la historia” y se establece “mediante un proceso ideológico de construcción de la nación que busca homogeneizar, en términos de crear un ambiente nacionalista, de fortalecimiento mismo de la nación, cuyo último fin es generar intereses comunes que den un sentido de pertenencia a la gente que forma o va a formar parte de esa nación”.

 

Como todo proceso, el que tiene que ver con la identidad no es estático. El académico refirió que en el caso de nuestro país, “se empieza a gestar desde el Siglo XIX y ha ido evolucionando y se ha ido modificando también en función de coyunturas históricas”.

 

Esa condición, sumada “a formas de desgaste y de abuso de este sentimiento identitario” afecta a los referentes que lo visibilizan “y es por eso que llegados ciertos momentos, en cada etapa de la historia y de la vida social, política y cultural de México, esos referentes identitarios tienen cierta fortaleza y momentos en que empiezan a decaer en importancia y arraigo, en el peso que tienen en la conciencia social”.

 

Situándolo en etapas, explicó que “dadas las características que tenía la población en el Siglo XIX, que no era gente muy educada, muy politizada, el analfabetismo era altísimo; había todavía una gran predominancia de la población indígena sin educar, esto permeó adecuadamente en términos de este sentido de homogeneidad”.

 

El investigador ubicó el siguiente momento al término de la Revolución Mexicana, “cuando se crea otro referente identitario, en función de este sentido de unidad que se va forjando a través  de la creación de la Constitución Política de México, donde se establecen los derechos y deberes de la población y también se empiezan a construir símbolos que van a ser referentes en este sentido de pertenencia”.

 

Hernández Casillas aclaró que “éstos obviamente van a tener elementos previos. Por ejemplo, todos sabemos que la constitución de 1824 evolucionó en sus preceptos y contenidos hasta concluir en la de 1917”, y que las modificaciones que ha sufrido ésta “le han hecho perder el sentido con el que nació, el de buscar la solidez de la nación a través de mejorar las condiciones de vida para la población, sus derechos y sus perspectivas educativas”. 

 

Hernández Casillas precisó que más tarde, por la vía del desgaste, se entró en un proceso de crisis en el que también contó el hecho de que “México se abrió al mundo cuando empieza un proceso de industrialización en los años 50, que trae como consecuencia que se empiezan a redefinir esos elementos identitarios”.

Escrito por: 
Gabriela Díaz
Fotografía: 
Internet
Fuente: 
Difunde CUCSH