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¿Luz al final del túnel?

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¿Luz al final del túnel?

 

Un Estado no intervencionista pero sí fuerte, poderoso, legitimado y valiente, que apueste por la educación y el empleo digno, encabezado por alguien dispuesto a jugarse  la popularidad y hasta la vida, serían los elementos indispensables para salir de la espiral de violencia que desangra al país.

 

Así lo consideró el doctor Igor González Aguirre, profesor investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), quien consideró que sí hay salida a la grave situación que se vive en México.

 

“Yo creo que sí hay salida, nada más que va a ser muy caro y no solo en términos económicos. Se requiere por ejemplo, y la fórmula es terriblemente fácil, se requiere un Estado poderoso, no intervencionista, fuerte y con valentía”.

 

Explicó que es posible que, “con legitimidad, que se construye con estrategias como invertir en educación, generar mejores condiciones salariales, incluyendo a los profesores, redignificando la profesión; abriendo más espacios para que todo el que quiera ser educado pueda serlo y fortaleciendo la relación que se tiene con el sector empresarial; es decir incentivado, porque no estoy diciendo que el Estado se convierta en empleador, si no que incentive, fiscalmente por ejemplo, mejores condiciones laborales”. 

 

Para el investigador nacional Nivel I, “es relativamente sencillo, pero como digo, es sumamente costoso y no solo en términos económicos, insisto, porque tiene que ver con romper el conjunto de arreglos que ya existen entre algunos sectores de la clase política y los dueños del capital”. 

 

Subrayó que hacerlo “es carísimo, porque le va a costar el puesto e incluso puede costarle la vida, a quien se atreva a hacerlo, y es costoso en términos también de tiempo, además de económicos y políticos. En términos de tiempo, porque se lleva una generación completa”. 

 

“Entonces, si te enfocas en construir una nueva generación, con los morritos que están ahorita en primaria, casi por fuerza se tienen que olvidar de todos los demás que estamos ahorita y eso, en términos de costo social, es muy complicado, porque es una decisión de política pública que tendrá que decir: ustedes rásquense con sus uñas, porque yo me voy a enfocar en los que vienen y éstos van a construir un horizonte de futuro mucho mejor que el que hoy tenemos, pero mientras, abandono al resto”.

 

González Aguirre insistió en que “eso va a ser muy costoso y quien se arriesgue a realizarlo, va a tener que sacrificar todo su capital político. Pero al final, cuando las cosas resulten bien, podrá decir que tenía razón. La solución entonces la veo con un Estado que juegue un papel muy fortalecido, apostándole a la educación y al empleo”. 

 

Dijo que con este fenómeno de violencia “también en términos de largo plazo, ocurre lo mismo que estamos viendo hoy con la ausencia de futuro. Ocurre como ha pasado con otros fenómenos sociales: surgen, tienen un periodo muy intenso, que creo es el que estamos viviendo y luego empiezan a estabilizarse”. 

 

Aclaró sin embargo, que ello “no quiere decir que luego regresemos a como estaban las cosas antes, sino que llegaremos a un nuevo pico, en el que habrá una normalización de cosas muy complicadas, como la violencia, la disposición de la vida por parte de otros sin que haya necesariamente sanciones. Es decir, vamos a llegar a una cota y a partir de ahí tendremos que construir cosas nuevas pero ya en un clima mucho más estable”.

 

El investigador reiteró que “sí hay una salida y a la larga, muy en el largo plazo, va a haber buenos aprendizajes. Me impresiona mucho y tengo la esperanza de que ocurra algo parecido a lo que está pasando con el tema del acoso, de las identidades sexuales y sexo genéricas, que están constituyendo un escenario caótico en el que están surgiendo malestares y complicaciones, pero que al final nos dejarán importantes aprendizajes en término de dos cosas: la posibilidad de deliberar más o menos de manera colectiva nuestros problemas y el de reconocer que hay formas adecuadas de vivir bien, es decir, en términos de relaciones sexo genéricas, profesionales, laborales, educativas”.

 

“Creo que lo que estamos viviendo ahora, está produciendo ese tipo de lenguajes y escenarios y que a la larga, nos dejará un aprendizaje para que aprendamos a convivir mejor entre nosotros. Cómo lidiar con la violencia, cómo reconocer al otro, que es uno de los problemas por los que estamos metidos en una situación como en la que estamos. Vamos a aprender muchas cosas y entre ellas, a reconocer al otro y reconocerlo también en el espacio público, que es otro de los grandes problemas”.

 

Y concluyó: “ese retrotraernos de la esfera pública para habitar la privada, debe llevarnos a  habitar el espacio público pero de otras maneras. No sé cuándo ocurrirá, pero tengo esperanza de que ocurra y prefiero tener esa esperanza, porque de lo contrario, lo único que queda es apagar la luz y cerrar la cortina, porque ya valió madre”.

Escrito por: 
Gabriela Díaz
Fotografía: 
Archivo
Fuente: 
Difunde CUCSH