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“No me den, pónganme donde haya"

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El desplazamiento de lo ético por lo estético, ha llevado a que sectores de la sociedad no sólo normalicen, sino hasta avalen la violencia con la que opera el crimen organizado en su búsqueda de ganancias, llegando a no importar cómo o por qué medios se obtienen ésas, sino únicamente que se posean en abundancia.

 

Para el doctor José Igor Israel González Aguirre, profesor investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH),  “hay un discurso, un imaginario social que normaliza ese proceso”. 

 

Precisó: “pensemos en el dicho de ‘a mí  no me den, pónganme donde haya’. Eso nos hace clic, porque tenemos un discurso, una racionalidad que nos permite justificar, racionalizar e invisibilizar fenómenos como ese”.

 

Para el también jefe del Departamento de Sociología, “si observamos, el núcleo de las preguntas que deberíamos hacernos se ha desplazado de lo ético a lo estético, es decir que antes te preguntabas cómo se obtenían las fortunas, y entonces el mérito y el esfuerzo eran los valores que se tomaban en cuenta para considera a alguien como sancionable de manera positiva”. 

 

Sin embargo, al momento presente, añadió el investigador, “esa pregunta se ha desplazado y ya no nos preguntamos cómo se obtuvo esa fortuna, sino a cuánto asciende esa fortuna y en la medida en que tengas más, vales más”.

 

Ejemplificó su dicho con “mi experiencia reciente de trabajo y tratos con chicos que están en situación de privación de su libertad en el ‘Tutelar y La Granja’ (Centro Tutelar para Menores de Jalisco y Centro de Atención Integral Juvenil del Estado de Jalisco), en el que aspectos como la crueldad, el sadismo, la valentía para matar a alguien, son sancionados positivamente”.

 

El tema es relevante porque el aval que reciben los chicos, “no solo se lo dan sus pares, sino que quienes tienen esas ‘cualidades’, se convierten en sujetos respetados en un entorno como esos, es decir, las trabajadoras sociales, las psicólogas, los custodios, los ven con respeto, porque para ellos son figuras que han logrado ‘cosas importantes’”.

 

Destacó que la gravedad del hecho estriba en que “las cosas que han hecho y que son sancionadas de forma positiva, consisten en que han matado, han sido testigos de muertes crudelísimas, se han enfrentado a situaciones brutalmente violentas y no les ha quedado de otra”.

 

Se ha llegado a esto, manifestó el académico, “porque si se contrasta el camino trazado por el Estado, que implica transitar por la familia, la escuela y el trabajo, esta vía, la institucional, no les garantiza, primero, una vida digna y luego, cuando la transitan, acceden a salarios de seis mil ocho mil pesos al mes si se es ‘afortunadísimo’, mientras que por la vía del crimen organizado ese mismo chico gana eso en una hora”. 

 

Para González Aguirre, integrante del Sistema Nacional de Investigación (SIN) Nivel I, “hay en esto una racionalidad perversa, que orienta a que los sujetos adopten la otra vía, que es como una especie de ‘mantra’ en algunos sectores de la juventud: ‘más vale vivir a toda madre tres años, con dinero, con poder, con mujeres, con adrenalina, que treinta igual de fregado que quien lo antecede a uno’”, dijo.

Escrito por: 
Gabriela Díaz García
Fotografía: 
Archivo
Fuente: 
Difunde CUCSH