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¿Por qué los que desaparecen?

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Para generar miedo y subrayar la percepción de fragilidad que impida la movilización social; para quitarlos de en medio porque no producen y son por tanto “desechables; para incorporarlos como “carne de cañón” al mundo de la ilegalidad.

 

Al decir de Darío Flores Soria, profesor investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), ésos serían algunos de los marcos desde los que se pueden analizar las desapariciones (forzada o no, atendiendo a los términos legales) de jóvenes y de personas en nuestro país.

 

Profesor en los departamentos de Filosofía, Historia y Antropología del CUCSH, Flores Soria precisó que, “en México, como ya se ha dicho, hay dos países: el de la fachada y otro que está funcionando con grupos al margen de toda legalidad y que tienen negocios de muchas índoles, desde la cuestión del narcotráfico, a la trata de blancas, venta de órganos y muchas más”.

 

Flores Soria precisó que conforme a la hipótesis del escritor, periodista y sociólogo Federico Mastrogiovanni, desarrollada en su libro “Ni vivos ni muertos”, la desaparición no es un acontecimiento casual, sino que constituye una bien planeada estrategia de terror al servicio del Estado, del crimen organizado y del poder económico.

 

El académico, dijo que según Mastrogiovanni se busca “crear un espacio de fragilidad que no sólo sirve a la ilegalidad, sino también a la posibilidad de extracción de los recursos naturales de la nación, es decir, que nadie se oponga a ciertas prácticas, a ciertas actividades”.

 

El también director del Centro de Estudios sobre Religión y Sociedad, habló luego de la “justificación” de la desaparición de los jóvenes “colocándolos como ‘los que sobran’ para el capitalismo, entendido éste como una gran empresa mundial. Estos que sobran, son personas que no están dentro del proceso de la producción”.

 

Desde esta concepción, los jóvenes y muchos otros sectores “representan un obstáculo, un ancla, alguien que va a consumir y no va a producir. Entonces, si somos más de 7 mil 500 millones de personas, ya están consideradas todas lo que tienen que trabajar y entonces, todas las que quedan fuera, que pueden ser desde ancianos, jóvenes que no trabajan y otras categorías más, pues esas son las que sobran, las que se consideran ‘desechables’”.

 

En este contexto, que busca “justificar” desaparecerlos porque “para qué los queremos”, Flores Soria apuntó que “históricamente, los más interesados en desaparecer personas, han sido los Estados nacionales con dictaduras o con gobiernos con tendencias autoritarias o dictatoriales, en donde no matan a las personas abiertamente, las desparecen”.

 

Los tres marcos son entonces: éste que implica a los desechables; el otro, el de la ilegalidad; y el que sostiene una estrategia perfectamente orquestada para mantener el statu quo.

 

Frente a estos escenarios, el profesor se pronunció por reconstruir la esperanza a partir de lo valioso e importante que se tiene como nación. “Estamos en un proceso descivilizatorio y si hoy no hay esperanza, ésta se tiene que construir a partir de lo que se tiene. Se debe restaurar lo valioso de la nación”.

Escrito por: 
Gabriela Díaz García
Fotografía: 
Archivo
Fuente: 
Difunde CUCSH