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Una ola de protesta mundial

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Brasil, Grecia, E.U.A., lugares diferentes pero el mismo contexto de crisis e insatisfacción hacia el modelo político-económico capitalista, donde los jóvenes y las redes sociales protagonizan movimientos que demandan equidad social.

 

Como si fuera reacción en cadena, cuando el mundo aún seguía embrujado por la Primavera Árabe, los tronidos hacen volver la mirada a otros puntos del planeta. Ruge Chile, los indignados alzan la voz en España; se cimbra Wall Sreet; clama Grecia.

El mundo también observa expectante hacia Turquía, México e Inglaterra. Y ahora de nuevo a Latinoamérica, a Brasil, donde a miles de manifestantes no les importa blasfemar contra la religión del futbol con tal de visibilizar su inconformidad en plena Copa Confederaciones.

Los movimientos sociales no sólo buscan ganar la calle, ahora se “mediatizan”, son compartidos en las redes sociales y sus participantes están conscientes de la importancia de construir un significado o un ideal alrededor de la protesta para dejar en claro su legitimidad.

“No es nada extraño que sean los jóvenes —hombres y mujeres— los que estén al frente de estas batallas y luchas sociales. Ellos están ahí primero, porque este sistema no les ofrece ninguna buena opción de futuro mejor”, señala el doctor en ciencias sociales, Jorge Regalado Santillán, académico de la Universidad de Guadalajara y experto en el estudio de los movimientos sociales.

Para el doctor José Igor Israel González Aguirre, académico del Departamento de Estudios sobre Movimientos Sociales, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, diferentes causas motivan estas movilizaciones, pero pareciera que hay motores comunes, como la ineficacia del Estado y el fracaso de la política.

“Hay malestar y descontento con la realidad actual. No sólo en América Latina, sino en Estados Unidos y en Europa. El origen de estos movimientos es multifactorial y diverso, pero una de las causas que me parece crucial es la ineficacia institucional-simbólica del Estado. En la medida en que éste se erosiona, pierde su capacidad instituyente, deja de ser un referente para la sociedad. Ello produce profundos vacíos en el espacio público, los cuales derivan en malestar”.

González Aguirre detalla que esa ineficacia se refleja en la falta de oportunidades económicas, educativas, de salud, de seguridad, que provocan que amplios sectores de la población queden al margen de los procesos de desarrollo.

“A manera de corolario puede decirse que la ineficacia simbólica del Estado produce un vaciamiento de la esfera pública, es decir, se agota la institucionalidad vigente. Una de las vías más eficaces para hacer explícito dicho malestar radica en la protesta, que poco a poco se transforma en movilización social, en procesos organizativos fuertes, significativos, los cuales son cada vez más visibles”.

Regalado Santillán especifica que esta ola de protestas es una reacción contra el capital y la democracia liberal, que para los ciudadanos no es capaz de resolver las necesidades fundamentales de la gente, y ya no se quejan por medio de los canales establecidos porque está comprobado que no funcionan.

“La protesta social es creciente y no para de suceder. Este año, durante mayo, alcanzó a Suecia: en su capital Estocolmo y en varias ciudades más de este país modelo del sistema capitalista y sobre todo de la democracia liberal. Las más de las veces se necesita un motivo menor para brotar donde menos se esperaba y con una fuerza increíble, capaz, así sea momentáneamente, de rebasar toda institucionalidad”.

Recuerda que ahora es Chile y sobre todo Brasil, pero antes fue Argentina, Bolivia, Ecuador y Estados Unidos, en este último tanto el movimiento Ocupa Wall Stret como el de los migrantes. “Brasil fue el que más llamó la atención después de que Lula da Silva vendió bien la idea de que su gobierno había sido todo un éxito al sacar de la pobreza a millones de personas, pero queda al descubierto que no mejoró en nada los servicios públicos ni la seguridad social”.

“Resulta genial que en la meca del futbol explote este movimiento. O para ser más preciso, que se ponga en cuestión la comercialización total, absurda e inmoral a que ha sido llevado también este deporte. Estos eventos se convierten en una meta del Estado que vulnera toda soberanía nacional y que como resultado deja grandes deudas a los países sedes, haciendo menos posible que atiendan las demandas sociales. A esto es a lo que se oponen los brasileños”.

 

El déjà vu de la protesta tonificado por las redes

 

“No queremos olimpiadas”, decían los jóvenes mexicanos en 1968. “No queremos mundial de futbol”, gritan los brasileños 45 años después. Las demandas son las mismas: dinero para salud y educación, en lugar de destinarlo al relumbrón deportivo. Parece que los 60’s están de regreso, o que durante décadas se escondió el polvo debajo de la alfombra.

“Los movimientos sociales de hoy retoman las viejas demandas y las transforman, las integran a las nuevas demandas, las resignifican, hacen de lo particular algo universal y, de paso, nos obligan a nosotros, quienes estamos interesados en comprender la acción de estas agrupaciones, a repensar nuestros instrumentos, a estructurar nuevas miradas analíticas. Los movimientos sociales contemporáneos son todo un desafío”, explica Igor González.

Resalta el carácter horizontal de las movilizaciones: “Las demandas que enarbolan tienden a interpelar a amplios segmentos de la sociedad; es decir, no están completamente sectorizados, como sí lo fueron los movimientos de antaño, tales como el movimiento obrero, el movimiento urbano popular, los movimientos estudiantiles. Sus límites eran identificables y claros. Hoy es posible ver en las calles a jóvenes protestando junto con amas de casa, a obreros junto con ambientalistas, a sindicalizados junto con clasemedieros”.

Estos jóvenes urbanos con educación universitaria están conscientes de la fuerza que les dan las redes sociales y de la producción de sentido: “Los social media han jugado un papel crucial para la mediatización de la protesta. Algunos piensan que deslegitima la movilización, que pone en riesgo su sustancia ideológica o la hacen light. Quienes piensan así realizan una pésima lectura de la contemporaneidad, de la movilización social, y de la propia noción de ideología. El uso intensivo y extensivo de los social media es uno de los grandes triunfos-aciertos de la acción y movilización social hoy”, dice Igor González.

Con esta dinámica se construye una esfera pública distinta, quizá evanescente, pero cuyos contornos liminares difusos expanden sus posibilidades frente al agotamiento de la política. Por separado, Regalado Santillán apunta que el hecho de que los jóvenes estén protagonizando la protesta social desmiente la tesis conservadora de que éstos son apáticos, que no les importa la política o que son irresponsables, interesados sólo en divertirse.

“Seguro ahora les dirán que son irresponsables, porque nada se gana saliendo a la calle y menos confrontando a las fuerzas del orden. O sea, se trata en parte de la vieja confrontación de la sociedad adulta contra los jóvenes, que por naturaleza son rebeldes. También es la respuesta del sistema, que pretende seguir aplastando y dominando a las mujeres, sean jóvenes o maduras. Y claro, como no lo están haciendo por los canales establecidos por el sistema, entonces se les descalifica y hace ver como delincuentes”.

El actual contexto ofrece ahora muchos escenarios posibles. Igor González concluye así: “En este contexto puede decirse que lo que pone de relieve Latinoamérica es el agotamiento de un sistema que parece ya no dar más. No sólo en lo que se refiere a la distribución desigual del ingreso, sino a los efectos que produce para el entorno ambiental. Aún cuando conservo una mirada esperanzadora, también soy realista.

Como dice Slavoj Žižek: “Somos capaces de concebir una terrible catástrofe ecológica que aniquile a la humanidad, pero somos incapaces de pensar en un más modesto cambio de modelo económico-político, menos depredador, y más justo y democrático. Si hubiera una apuesta latinoamericana sería precisamente esa: una mayor igualdad en un contexto más democrático. Esto haría de la región una zona cada vez más fuerte. He ahí la potencia de la movilización social”.

Escrito por: 
Julio Ríos
Fotografía: 
La Gaceta UdeG
Fuente: 
La Gaceta UdeG