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¿Y ahora qué? México ante el 2018

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En la FIL de Guadalajara se lanzó el libro ¿Y ahora qué? México ante el 2018. Ha sido coordinado por Héctor Aguilar Camín, quien lo concibió junto a Raúl Padilla y reunió a un grupo de especialistas de primera: María Amparo Casar, Jorge G. Castañeda, Luis de la Calle, José Ramón Cossío, José Woldenberg, Santiago Levy y Eduardo Guerrero.

 

Cada uno de ellos, a su vez, organizó a un grupo de colaboradores dedicados a explorar un tema particular derivado de los siguientes rubros: 1. corrupción y estado de derecho; 2. democracia y gobernabilidad; 3. inseguridad; 4. prosperidad y desigualdad; 5. estado de bienestar; 6. México en el mundo.

 

En total son 33 artículos escritos por 34 especialistas, además de un prólogo del propio Aguilar Camín. En la labor de edición también participaron Nicolás Alvarado, Juan Carlos Ortega y Ricardo Cayuela.

 

El libro analiza los principales problemas de la nación y propone soluciones que pretenden ser concretas, o, por lo menos, dignas de ser consideradas, discutidas y mejoradas por quienes planteen las ofertas políticas de los candidatos a la presidencia o diseñen las políticas públicas que serán aplicadas en el país en el futuro próximo. El libro también busca alimentar la imaginación de los electores, de manera que se fortalezca el debate en las campañas y se construya una opinión pública más racional e informada sobre la realidad del país.

 

Una premisa del libro es que no basta elegir gobernantes que tengan buenas intenciones: requerimos aplicar soluciones, o tratamientos a nuestros problemas, que no sean retóricas y mucho menos demagógicas. En suma, atacar los males de la nación implica ir más allá de ideologías o posturas doctrinarias: pensar sin prejuicios y evaluar con objetividad las políticas existentes, proyectar acciones y ponerlas en marcha con visión práctica, y tomar decisiones que tomen en cuenta los errores cometidos por los últimos gobiernos nacionales o las experiencias de otros países.

 

Plantearse la pregunta ¿Y ahora qué? entraña un ejercicio de madurez cívica, política y administrativa. Se asume que el país no podrá salir adelante con los solos rituales de la democracia y sus efectos inmediatos: competencia, campañas, elecciones, convencimiento de los electores, alternancia, rivalidades entre poderes, fragmentación del poder público...

 

Se requiere reconocer que somos un país plagado de rigideces, divisiones, desigualdades y contrastes, con un estado ineficaz, gobiernos inexpertos, vacíos legales, instituciones todavía incapaces para dar certidumbre, ciudadanos débiles y poco educados, partidos que no se preocupan por representar el interés público, políticos incapaces o corruptos, ineficiencias en el gasto público, una economía que no crece sostenidamente, y un largo etcétera de fallas que son analizadas en el libro buscando, en todo momento, ofrecer alternativas para superarlas.

 

Analicemos lo que dice Luis de la Calle cuando explica por qué la economía del país no crece como se requiere y lo que propone para enfrentar esta situación:

 

“En conclusión: México invierte menos de lo necesario, pero sobre todo invierte mal. Por esto la economía crece por debajo de su potencial, menos de lo que se necesita, y mucho menos de lo que los ciudadanos se merecen. La clave para un crecimiento sostenido y generalizado radica en promover la movilidad. La mudanza hacia sectores, regiones, actividades, profesiones con alto valor agregado es mucho más eficaz para incrementar la productividad que “echarle más ganas” o aún “invertir más”. Esta mudanza, no obstante, es poco probable sin una inversión en instituciones que garanticen el imperio de la ley, sin infraestructura que fomente el tránsito entre regiones y sectores, sin un sistema educativo que promueva el cambio, sin ciudadanos saludables, sin respeto a la riqueza natural y sin la infraestructura de transporte que permita explotar la ventaja fundamental del país en términos de su localización geográfica”.

 

Este pasaje muestra la interconexión de los problemas y las soluciones. Y muestra, además, que hay opciones claras qué seguir y decisiones qué tomar. No estamos, de ninguna manera, condenados al subdesarrollo o la languidez. Como dice Aguilar Camín:

 

“Ensayo por ensayo, autor por autor, el mensaje reiterado de estos diagnósticos con soluciones es que, lejos de ser un país sin rumbo ni respuestas, México rebosa de opciones y posibilidades. Sus problemas son graves, pero las soluciones son posibles”. Y más adelante añade: “La verdad es que México ha sacado la mitad del cuerpo de las aguas del subdesarrollo. Para sacar la otra mitad y volverse el país próspero, equitativo y democrático que queremos que sea, necesita decisiones estratégicas y liderazgo claro. Pero necesita también ideas, hojas de ruta, identificación de políticas públicas cuyos resultados puedan medirse y exigirse. Es lo que hemos tratado de aportar aquí”.

Escrito por: 
Héctor Raúl Solís Gadea
Fotografía: 
Humberto Muñíz
Fuente: 
Milenio