El contenido de los artículos que a continuación se presentan en esta sección, sólo reflejan la opinión de sus autores, no necesariamente la posición oficial ni de la Unidad de Servicio Social ni de este Centro Universitario.


EL SERVICIO SOCIAL EN EL MODELO ACADÉMICO DE LA RED UNIVERSITARIA

Alfredo Don Olivera

El nuevo modelo académico de la Red universitaria, instaurado a partir de 1992 por la reforma de la Ley Orgánica de la Universidad de Guadalajara, implicó una vertiginosa transformación académica y administrativa que no podía soslayar la prestación del servicio social. 

Esta obligatoriedad concebida tradicionalmente como el instrumento universitario para complementar la formación de los futuros profesionales en materia de conciencia social, desbordó su definición para elevarse al rango de principal instrumento para el ejercicio de la función sustantiva de la Extensión. 

Es decir, ya no sólo se trata de fomentar en los universitarios el principio de solidaridad social, sino de desbordar en el aula la producción de conocimientos para destinarlos, mediante programas debidamente planeados, instrumentados y desarrollados institucionalmente por la universidad, en beneficio de la sociedad cuyos recursos fiscales la sostienen económicamente. 

En consecuencia, los programas de servicio social universitario, anteriormente contemplados desde las esferas administrativas, ahora se reubican formal y estatutariamente en el ámbito académico, bajo la estructura de las respectivas coordinaciones de Extensión de los diferentes centros universitarios que integran la Red. 

Como se puede entender, el nuevo modelo de la Red implicó una sacudida de fondo a la estructura, concepción y desarrollo del servicio social. 

Sin embargo, desde una perspectiva personal considero que los mejores tiempos del desarrollo académico en general y del servicio social en lo particular aún están por aparecer. No dejo de pensar que si bien la estructura de la Red ya es una realidad que funciona y crece en beneficio de Jalisco, en contraparte los beneficios académicos del modelo departamental aún no acaban de surgir. 

Y es que en una Universidad como la nuestra, impregnada históricamente por su compromiso con las clases populares que le dieron origen, el servicio social, además de representar un proceso académico formativo que por ley es parte de los planes de estudio, constituye un ineludible compromiso con las vastas exigencias económico sociales que demanda nuestro estado y nuestro país. 

Lo menciono así porque al final de cuentas poner la educación universitaria al alcance de las clases populares para la formación de profesionales, apenas significa una de las reivindicaciones sociales más básicas a las que aspira una institución como la nuestra. El verdadero compromiso de esta casa de estudios sólo se completa cuando se plantea, integralmente, desde las funciones sustantivas de la enseñanza, la investigación y la extensión. 

Quiero decir que la auténtica enseñanza va mucho más allá de los planteamientos, de los enunciados teóricos, de la ciencia. Ésta debe encuadrarse en la aplicación y manejo de los conocimientos. Necesariamente el proceso cognoscitivo, además de implicar la adquisición del saber humano, debe sustentarse en el análisis de la realidad social donde la investigación adquiere su razón de ser y en la extensión donde se cristaliza el compromiso social de la institución. 

En este sentido, el modelo departamental derivado de la Red integra en la academia, como cerebro de los nuevos procesos de la enseñanza, una nueva didáctica que ya contempla explícitamente el requerimiento “de formar profesionales dotados de una conciencia crítica que les permita integrarse al medio social al que pertenecen para transformarlo, en su propio beneficio y en el de la colectividad”. 

Este planteamiento no sólo incorpora una moderna visión de la enseñanza, sino que constituye la obligatoriedad sustancial del modelo académico de la Red. 

Por lo tanto, la enseñanza en el aula universitaria debe contener como objetivo básico el análisis social y su crítica, y como finalidad ineludible la extensión. Aquí es donde reviste su enorme trascendencia el concepto del servicio social en el marco del modelo académico de la Red. 

Hasta ahora, las unidades de servicio social de los diferentes centros universitarios, en términos generales, principalmente han desarrollado una labor administrativa en el trámite de la asignación de los valiosísimos recursos humanos que representan los prestadores de servicio social hacia los programas aprobados de instituciones universitarias y extrauniversitarias que oficializaron su solicitud de estos recursos. 

Indudablemente, este proceso de asignación ha incorporado un proceso paralelo de revisión académica para la validación de los programas en correspondencia con los planes de estudio de que se trate. 

Sin embargo, el planteamiento que estoy intentando sustentar consiste en que, sin soslayo de la valía y legitimidad de los actuales programas, los verdaderos programas de servicio social, el auténtico servicio social correspondiente al modelo académico de la RED , debe emerger de las aulas universitarias, donde el análisis social derivado de la adquisición de conocimientos, incida en el fortalecimiento de la conciencia social que comprometa el “que hacer” de la extensión universitaria a través de la prestación del servicio social. 

Ello implica el fortalecimiento de las tareas de la academia, donde el conjunto de profesores universitarios que imparten las asignaturas afines determinen colegiadamente, con fundamento en los planes de estudio aprobados y bajo el espíritu de modelo académico de la Red , qué se va a enseñar, bajo qué didáctica se va a enseñar y cómo se va a evaluar. 

De esta actividad, además, se deberán derivarse los profesores de carrera que decidan descargar su tiempo completo en las tareas del servicio social, bien sea como tutores o como coordinadores de los programas. 

Esperemos entonces que el modelo departamental y la actividad de las academias paulatinamente comiencen a brindar a la Universidad sus mejores frutos, donde el desarrollo académico y los beneficios de la extensión se aparejen a los magníficos resultados que la estructura de la Red de la Universidad de Guadalajara significan para Jalisco.