El 15-M y la decisión de una generación de participar en la política: conferencia de Pablo Iglesias en CUCSH
Pablo Iglesias dialogó con estudiantes de Estudios Políticos del CUCSH sobre participación ciudadana, crisis del neoliberalismo y el legado del movimiento de los “indignados”.
La política española había comenzado a cambiar mucho antes de que una nueva generación llegara a las instituciones. Había comenzado en las plazas, en las calles y en el descontento de miles de jóvenes que, frente a la crisis económica de 2008, decidieron dejar de mirar la política desde afuera. Ese proceso tuvo uno de sus momentos más emblemáticos el 15 de mayo de 2011, cuando el movimiento 15-M tomó las plazas españolas y convirtió la inconformidad social en una discusión pública sobre la representación política, las desigualdades económicas y la distancia entre las instituciones y la ciudadanía.
A más de una década de aquella movilización, el episodio volvió a las aulas universitarias como objeto de análisis y reflexión. El politólogo y académico Pablo Iglesias dialogó con estudiantes de Estudios Políticos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), durante una charla realizada el en el Auditorio Rosario Castellanos.
El encuentro se desarrolló en el marco de la grabación del podcast de la División de Estudios Políticos y Sociales, que en esta ocasión había invitado a Iglesias para conversar sobre el 15-M, las transformaciones de la participación política y las decisiones que llevaron a una generación de jóvenes a involucrarse directamente en la vida pública.
Durante la apertura, el maestro Alberto Galarza Villaseñor, director de la División de Estudios Políticos y Sociales, dio la bienvenida al invitado y destacó la relevancia que la crisis financiera de 2008 había tenido para comprender las transformaciones políticas posteriores. La crisis, explicó, había marcado un antes y un después para numerosos politólogos e intelectuales, al evidenciar las consecuencias de un modelo económico en el que los costos de la crisis habían terminado recayendo también sobre la ciudadanía.
Frente a los estudiantes, Pablo Iglesias regresó precisamente a aquel momento para explicar qué había significado el 15-M para él y para su generación. La crisis de 2008, sostuvo, había hecho visibles las consecuencias de lo que denominó la crisis del neoliberalismo como sistema de gobernanza internacional y como proyecto ideológico dominante durante décadas. En España, aquella fractura económica había tenido una expresión especialmente fuerte en el ámbito de la vivienda, después de años de dinámicas especulativas que habían profundizado la precariedad de amplios sectores de la población.
El problema, señaló, no se había limitado a la economía. La crisis había provocado un cuestionamiento de las bases estructurales e ideológicas del sistema político español. En ese contexto, había comenzado a extenderse entre amplios sectores de la sociedad la percepción de que las élites económicas y políticas tenían responsabilidad en la situación de precariedad que atravesaba el país. Un fenómeno que, además, había encontrado expresiones similares en otras naciones del sur y la periferia europea, como Portugal, Grecia e Irlanda. Sin embargo, aquella inconformidad no había encontrado de inmediato una respuesta electoral. Los partidos identificados con el modelo neoliberal habían continuado ocupando espacios de poder y, recordó Iglesias, incluso habían surgido expresiones de desdén hacia los jóvenes que permanecían en las plazas.
Lo que parecía ser únicamente una protesta había comenzado a revelar un cambio profundo en la estructura ideológica de España. Las plazas ocupadas por los llamados “indignados” se habían convertido en espacios de discusión política y organización colectiva, mientras una generación comenzaba a preguntarse si era posible transformar las reglas del juego desde fuera de las instituciones y, posteriormente, desde dentro de ellas.
El 15-M había trascendido así la protesta. Había abierto una estructura de oportunidad política para nuevos discursos y nuevas formas de organización, al tiempo que cuestionaba las identidades tradicionales de la izquierda.
Iglesias explicó que parte de aquella generación había seguido con atención las experiencias de las izquierdas latinoamericanas, particularmente las formas de construcción política asociadas con lo nacional-popular, que buscaban ir más allá de las identidades tradicionales de la izquierda y construir identidades políticas más amplias.
Ese aprendizaje había formado parte del contexto intelectual y político en el que posteriormente surgiría Podemos, organización en cuya fundación participó Iglesias y que llevó al terreno electoral parte de las demandas y lenguajes que habían cobrado fuerza después del 15-M.
Su trayectoria había seguido, desde entonces, un camino que lo llevó del ámbito académico y del análisis de los movimientos sociales al Parlamento español y, posteriormente, a ocupar la Vicepresidencia Segunda del Gobierno de España.
Para los estudiantes reunidos en el Auditorio Rosario Castellanos, el recorrido había planteado una pregunta que iba mucho más allá de la experiencia española: ¿qué ocurría cuando una generación que tradicionalmente había sido considerada espectadora de la política decidía convertirse en protagonista?
La conversación permitió analizar cómo la participación ciudadana podía nacer lejos de las instituciones y cómo los movimientos sociales podían modificar el lenguaje político, las formas de organización y las propias estructuras de representación.
El caso del 15-M había mostrado que las movilizaciones sociales no necesariamente terminaban cuando las plazas se vaciaban. Algunas de sus demandas podían permanecer en la conversación pública, transformarse en organizaciones, convertirse en propuestas electorales y llegar incluso a las instituciones.
Pero ese tránsito también había implicado tensiones. Llevar las demandas de las calles a los espacios institucionales significaba enfrentarse a nuevas reglas, responsabilidades y contradicciones. La experiencia había demostrado que participar en política no consistía únicamente en ocupar un espacio de poder, sino también en disputar las formas tradicionales mediante las cuales ese poder se construía y ejercía.
En ese sentido, el encuentro con Pablo Iglesias había permitido a los estudiantes aproximarse a uno de los procesos políticos más significativos de la España contemporánea desde la perspectiva de uno de sus protagonistas y, al mismo tiempo, discutir un fenómeno que había encontrado ecos en distintas sociedades: la irrupción de nuevas generaciones en la vida pública.
La charla había vinculado así la experiencia del 15-M con una de las funciones esenciales de la universidad: observar críticamente la realidad, formular preguntas y generar espacios de diálogo sobre los procesos que transformaban a la sociedad.
Más que una revisión histórica de una movilización ocurrida en 2011, el encuentro había puesto sobre la mesa una idea vigente para cualquier generación: la participación política no siempre comenzaba en los partidos ni en los cargos públicos. A veces comenzaba con una inconformidad; con una plaza llena; con una pregunta que se repetía entre miles de personas; y, sobre todo, con la decisión de dejar de mirar la política desde afuera para intentar transformarla.
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Zapopan, Jalisco, 9 de septiembre de 2026