Investigadoras cuestionan las ideas de modernidad, progreso y desarrollo desde una perspectiva decolonial

Investigadoras cuestionan las ideas de modernidad, progreso y desarrollo desde una perspectiva decolonial

 

Especialistas de la UNAM y la Universidad de Granada analizaron las tensiones de la modernidad capitalista, las herencias coloniales y las resistencias históricas de los pueblos durante un seminario académico.

 

El Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades realizó el seminario “Epistemologías decoloniales: crítica a la modernidad y a la narrativa del desarrollo, el despojo racista y el neocolonialismo”, encuentro que abrió un espacio de reflexión sobre las formas en que la modernidad, el capitalismo y las estructuras coloniales han influido en la organización de las sociedades y en la interpretación de sus procesos históricos.

 

La actividad contó con la participación de la doctora Margara Millán Moncayo, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y la doctora Josefa Sánchez Contreras, de la Universidad de Granada, España.

 

Durante el primer bloque, Millán Moncayo propuso revisar críticamente el concepto de modernidad y sus vínculos con el capitalismo. A partir de los planteamientos del filósofo Bolívar Echeverría, explicó que la modernidad capitalista puede entenderse como una promesa de transformación de las condiciones de vida, al mismo tiempo que se encuentra vinculada con una determinada forma de producción y organización social.

 

La especialista llamó a evitar que la modernidad sea entendida únicamente como sinónimo de lo nuevo o como una etapa temporal posterior a lo tradicional. En su lugar, planteó la necesidad de observarla como un proceso marcado por tensiones, contradicciones y conflictos entre distintas formas de organizar la vida social.

 

Desde esta perspectiva, señaló que la aparición de nuevas estructuras no significa necesariamente la desaparición de las anteriores. Las tradiciones, prácticas y formas de organización pueden permanecer, transformarse y relacionarse con aquello que se presenta como moderno.

 

Otro de los ejes de la exposición fue la noción de progreso, particularmente la manera en que esta idea atravesó el pensamiento político y social del siglo XIX. Al abordar las relaciones entre capitalismo y socialismo, Millán Moncayo destacó la importancia de cuestionar las concepciones lineales de la historia y las ideas de progreso que pueden aparecer, con distintas expresiones, en proyectos políticos aparentemente contrapuestos.

 

La discusión se trasladó también a las experiencias de los movimientos anticoloniales del siglo XX. La académica destacó que, aunque los procesos de liberación nacional tuvieron especial relevancia en África y Asia después de la Segunda Guerra Mundial, América Latina también registró experiencias anticoloniales posteriores a sus procesos de independencia, entre ellas las desarrolladas en Bolivia y Guatemala.

 

En ese contexto, los movimientos de liberación enfrentaron un escenario internacional dominado por Estados Unidos y la Unión Soviética, situación que planteó el desafío de buscar alternativas propias frente a los modelos políticos y económicos representados por ambas potencias.

 

El segundo bloque estuvo a cargo de la doctora Josefa Sánchez Contreras, quien centró su intervención en las relaciones entre colonialismo, rebeliones y los territorios históricos de los pueblos indígenas.

 

La investigadora retomó las preguntas surgidas durante la primera parte del seminario para plantear una revisión de las experiencias anticoloniales y de las tradiciones políticas que se desarrollaron durante el siglo XX. En particular, destacó la necesidad de ampliar la mirada sobre América Latina y reconocer procesos que han quedado fuera de las narrativas históricas convencionales.

 

Sánchez Contreras cuestionó las limitaciones de una historiografía nacionalista que, desde su perspectiva, no siempre ha otorgado suficiente relevancia a las distintas territorialidades relacionadas con la tierra, el agua y las formas de concebir la nación.

 

Para la especialista, analizar los movimientos anticoloniales requiere ir más allá de las banderas nacionales que estos grupos adoptaron en determinados momentos históricos. Detrás de ellas existen genealogías de pensamiento y experiencias políticas que se construyeron desde los propios territorios y comunidades.

 

Uno de los planteamientos centrales de su participación fue la capacidad de los pueblos para adaptar sus formas de expresar sus demandas a los lenguajes políticos de cada época. Esta capacidad, explicó, les ha permitido responder a diferentes contextos históricos sin abandonar necesariamente sus aspiraciones y formas propias de comprender el mundo.

 

Bajo esta mirada, revisar la historia implica identificar tanto los cambios como las permanencias. Los procesos de resistencia pueden adquirir nuevos discursos y estrategias de acuerdo con cada periodo, pero conservar al mismo tiempo objetivos y aspiraciones construidos a lo largo de generaciones.

 

Las intervenciones de ambas especialistas convergieron en la necesidad de cuestionar las interpretaciones que presentan la historia como una sucesión lineal encaminada inevitablemente hacia el progreso.

 

El diálogo académico permitió poner sobre la mesa la importancia de estudiar la modernidad desde sus contradicciones y reconocer que los pueblos han participado activamente en la construcción, transformación y resignificación de sus propias historias.

 

Atentamente

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Escrito por: Abraham Mendoza
Fotografía: Fabian Robles
Fuente: CUCSH